Esta célula no es inmaterial ni espiritual, sino un célula que contiene un genoma externo, y cuyo genoma original está ausente ya sea por desactivación, remoción o programación genética.
Las células-fantasma se producen mediante procesos físicos como irradiación ultravioleta o gamma, métodos genéticos con minicélulas, o bien tratamiento con compuestos químicos como antibióticos o peróxidos.
Venter y su equipo ya podían, hace dos años, hacer traspasos de genomas entre Mycroplasmas, unas bacterias patógenas que carecen de pared celular y crecen estimuladas por el colesterol. Por ejemplo, la Mycroplasma pneumoniae (causante de la neumonía atípica) y la Mycoplasma genitalium (infecciones pélvicas). El equipo de Venter logró introducir el genoma de la segunda en una célula de la primera.
Las tecnologías citadas en el proceso son la bioinformática, o sea la aplicación de informática y estadística en biología molecular, y la nanotecnología, la creación de dispositivos microscópicos.
La introducción del genoma externo en la célula-fantasma se hace incrustando el genoma en un liposoma o micelas (soluciones acuosas). También por métodos físicos como pinzas ópticas (optical tweezers), o bien transfección asistida mediante imanes, en la que los genomas son unidos mediante nano-burbujas imantadas (magenit nano-beads). Incluso son posibles métodos balísticos como la complejización del genoma en nanopartículas de oro o de tungsteno… En resumen, un zurcido micro biológico en base a modelos matemáticos y mucha paciencia. Disco-duro + unas cuantas botellas de productos químicos, como ha dicho el propio Venter.
El resultado de toda esta nueva alquimia es un organismo sintético y vivo llamado “Synthia”, que ya se está reproduciendo en laboratorio…








